Regulación Emocional


¿Qué es la regulación emocional?

Entendemos por regulación emocional a nuestra capacidad para manejar las emociones de forma apropiada, o de la mejor forma posible. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento. Básicamente, sabernos entender e intentar manejar aquello que sentimos en situaciones de estrés o conflicto. El sabernos regular es poder entender la situación que estamos viviendo, aceptarla y saber qué se está exigiendo de nosotros para su resolución. Eso hace que necesitemos llevar a cabo diferentes formas de actuación, pensamiento y gestión.


La regulación emocional no es algo innato en nosotros, es decir que no nacemos con esta habilidad incorporada, sino que la aprendemos a medida que crecemos y nos desarrollamos. Los bebés son un claro ejemplo de esto, en ellos las reacciones son muy básicas y desreguladas. De hecho, en esa etapa nos regulamos a través de los demás, específicamente con nuestros padres o cuidadores. Con el paso del tiempo esa regulación pasa a nosotros, aunque no siempre de la manera en la que debería. Podemos tener una buena regulación emocional, pero también que esté ausente o que no sea muy rígida. Cuanto más nos alejemos del punto óptimo, mayor es el malestar, incluso en las situaciones más cotidianas.


¿En qué consiste la regulación emocional?

Regularse emocionalmente es poder lograr un buen manejo con aquello que sentimos y poner en marcha ciertos mecanismos que permitan atravesar determinados momentos o situación. Estos mecanismos son aprendidos, sobre todo de una forma inconsciente a través de nuestras figuras de referencia. Cuando este aprendizaje es bueno y los modelos son los adecuados, de forma natural sabemos autorregularnos.


Pero ¿Qué implica una buena regulación emocional?:


  • Detenerse a pensar qué siento: Muchas veces, cuando ocurren determinadas situaciones o cuando nos encontramos frente a ciertos acontecimientos, no hay tiempo de reflexión, y en esos momentos aparece una emoción. Es importante identificarla, ya que el conocimiento emocional nos ayudará a su gestión y resolución.


  • Evaluar qué me pide la situación: Además de identificar la emoción, es importante entender ante que situación nos encontramos. Si lo que estamos viviendo es injusto, es una amenaza o a lo mejor es una pérdida. De esa forma, podemos emplear herramientas concretas.


  • Tonalidad emocional adecuada: A menudo, lo que ocurre es que, lo que sentimos tiene una carga emocional elevada, a tal punto que nuestra propia reacción empeora la situación. Muchas veces en estos momentos se evidencian desbordes.


  • Pensar habilidades de afrontamiento: Llevar a cabo lo necesario para resolver, solventar o solucionar la situación que nos ha hecho perder el estado de equilibrio en nuestra vida. Por ejemplo, puede ser algo tan banal como llegar tarde al trabajo por el tránsito o algo más complicado, como una ruptura amorosa.


  • Aprendizaje y crecimiento: Una vez que hemos entendido qué nos pasa, cómo es la situación y llevado a cabo diferentes estrategias, toca evaluar los resultados. Cuando estos son positivos, debemos sentir una verdadera admiración por nosotros, interiorizarlos y saber que en el futuro, ante situaciones similares, podemos usar los mismos recursos.


La regulación emocional no siempre está plenamente instaurada en nosotros. Es ahí donde debemos aprender diferentes mecanismos que nos ayuden a eliminar todo aquello que nos bloquea y que nos está impidiendo un buen manejo de aquello que sentimos.

Tener conciencia de las emociones y saber regularlas en el día a día son aspectos totalmente necesarios. Gracias a ello, desarrollaremos una serie de competencias y habilidades que nos ayudarán a favorecer tanto el bienestar personal como el de los demás.



“Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos”. - Viktor Frankl -



En conclusión…


La regulación emocional comprende una serie de mecanismos cognitivos, emocionales y conductuales relacionados con el afrontamiento de los problemas. Ponemos en marcha esos mecanismos para no desbordarnos, hacer frente a lo que ocurre y, además, crecer frente a ello. Cuando no existe regulación emocional, el sufrimiento y el malestar es mayor, afectando también a quien nos rodean. Cuando, en cambio, hay un buen manejo emocional, todo funciona de una forma más sencilla y enriquecedora.




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